martes, 21 de octubre de 2008

LA PAZ EN NUESTRO PAIS













LA PAZ EN NUESTRO PAIS






En el caso colombiano existe un problema adicional, aun a sabiendas de que siempre hay golpes antes de las conversaciones que tratan de afectar la negociación, como es el caso de Mitú. Este problema tiene que ver con una correlación de fuerzas que no es muy propicia actualmente para hacer viable la negociación. Los casos de negociación exitosa parten de una correlación favorable, en el sentido de que ambas partes ven con claridad que no les conviene seguir en la lucha. Eso no se ve claro aquí, aunque no es fácil saber la situación real. Uno ve que el desarrollo de las negociaciones es realmente imprevisible y no se sabe cómo se puede presionar, pues no se conocen sus reglas. Las FARC, por ejemplo, tienen una gran oportunidad, pero a la vez un desafío, con el despeje. Todo el mundo va a estar mirando con mucho cuidado cómo manejan eso. Esto abre ciertas posiblidades, pero genera cierta responsabilidad y posiblemente ciertos compromisos. Para ellos es difícil manejar esta situación. Si tienen mucho éxito, eso es muy bueno, pero también es difícil saber manejar el éxito. Se pueden envalentonar y pensar en cosas más grandes. Pero el exceso de éxito puede enredar antes que favorecer, crea problemas nuevos. Sin querer entrar en la jerga de los especialistas para hablar de "guerra de movimientos" y "guerra de posiciones", es obvio que los éxitos de la guerrilla generan nuevos problemas; no puede ser sólo una cadena de éxitos.Ante ésto uno tiene apenas intuiciones. Hablando con el jefe de la Cruz Roja Internacional en Colombia se le preguntó cuál era su intuición acerca de qué tanto estarían dispuestos a negociar los comandantes con los que tanto hablaban ellos. Respondió que sí podían estar dispuestos, pero que no tenían afán. Y entonces al razonar sobre el número de años, la respuesta es que nadie sabe, ni ellos mismos. Es evidente que en lo inmediato les interesa el despeje y tener más territorios, más posibilidades y, obviamente, el canje. Tema éste que pone al gobierno en situación difícil porque al respecto el país ya tiene una experiencia. Esta dice que muy pronto se pierde la capacidad de aguante y que eso piensa el gobierno de turno. Así fue el caso con el narcoterrorismo. Después de una, dos y tres bombas, ya nadie quería seguir tal lucha y rogaban por la solución, o eso pensaba el gobierno. Pero en realidad, el país si resistía mucho más. Había gente que pensaba que era necesario acabar con ese sector. Sin ser muy previsible, se optó por la vía fácil.Vistas las cosas de este modo, hay muchos asuntos que se pueden mejorar. El gobierno puede mejorar su capacidad de respuesta frente a los hechos. Pastrana debe tener un plan de contingencia. Sería interesante saber si lo tiene. Y en cierto modo, debe pensar que la guerra es como el billar. A veces el rival le va bien por quince minutos y luego cambian las cosas. Pero sería iluso pensar que el proceso va a ser fácil en la actualidad.Marc Chernick: Depende de la visión de futuro cercano que se tenga. Si se piensa en un año, no creo. Tanto la guerrilla como el gobierno están pensando en el largo plazo, con una visión prolongada. El ELN se está dando casi un año para culminar los temas para la convención, que es un paso de prenegociación, y las FARC apenas están iniciando el despeje que sólo es una base de un gran proceso que podría seguir adelante, pero ésta también es una visión de largo plazo. Entonces, estamos en un momento de cambio, de iniciar procesos. No hay mucha claridad, ni definición en ambas partes acerca del camino, lo cual resulta preocupante pues ya van tres meses desde que se inauguró este gobierno. En el tiempo cercano no hay muchas posibilidades de que se concrete la paz, en el tiempo mediano es posible que haya mejores posibilidades, pero sin duda éste es un proceso que va a durar.Ahora bien, en lo inmediato el tema del despeje resulta muy interesante. Especialmente, si se tiene en cuenta el contexto de la historia reciente, de la gran oposición de las Fuerzas Armadas, de las posiciones de estas instituciones a este respecto durante el gobierno de Samper. La evolución de entonces a hoy es grande. Las FARC propusieron cinco municipios y el gobierno aceptó. La idea de despejar, removiendo las Fuerzas Armadas, pero con la llegada de otras instancias estatales, es un paso positivo. Puede ser el núcleo de otras propuestas de despejes más amplios y prolongados en el futuro, como parte de un proceso de transición entre la falta de institucionalidad y presencia estatal en grandes partes del territorio nacional, y una reconstrucción de esta presencia en la cual el despeje puede servir favorablemente. De seguir adelante puede ser positivo. No obstante, no se sabe qué va a pasar, cuánto va a durar, qué se va a hacer cuando se cumplan los noventa días. Esto es preocupante, ojalá que en este lapso lleguen a un marco conceptual de cómo usar el despeje como parte de un proceso de paz.Marco Palacios: Es una negociación compleja y prolongada por varias razones. Es compleja, porque hay muchos frentes que cubrir desde el punto de vista del gobierno. Compleja, porque tiene que negociar con varias guerrillas, con dos grandes grupos guerrilleros que no coinciden necesariamente. Tiene que despejar el asunto de los paramilitares que es complicado. Tiene que darle alguna solución y, según sea la perspectiva que tome el gobierno, eso puede afectar la negociación con las guerrillas. Y finalmente está el tema de los cultivos ilícitos, del cual depende la relación con los Estados Unidos que es fundamental para este gobierno. Estos son frentes difíciles de cubrir.Aparte de lo anterior, el problema con las dos guerrillas estriba en que desde la campaña electoral se tejieron afinidades o nexos o como se quiera llamar entre, por un lado, el ELN y el samperismo-serpismo y, del otro, las FARC y el pastranismo. Eso está contando y va a seguir contando. Por eso, no es pura coincidencia el empapelamiento judicial de Alvaro Leyva. Entre los centenares de procesos que tiene la Fiscalía resulta curioso que tenga que resucitar precisamente este caso.Así va a haber muchos entrabamientos de lado y lado. Hay una competencia de las guerrillas entre sí. Evidentemente no son lo mismo y en procesos de paz como el de Tlaxcala resultó claro que internamente los negociadores estaban sometidos a tensiones mutuas muy fuertes. Hoy las tensiones se dan hacia afuera, con las dos agrupaciones compitiendo. Esto hace muy difícil el proceso. Por otra parte, realmente el tema de los cultivos ilícitos está muy limitado por la forma en que Estados Unidos lo maneja. No se ha visto ningún cambio fundamental en la posición del gobierno de los Estados Unidos frente a un asunto que está plenamente marcado por la política de erradicación de cultivos. Ha habido un compás de espera para ver si las FARC colaboran o no en este tema. Pero inclusive si quisieran colaborar, es igualmente difícil, porque es un tema que no tiene solución. La gente sigue sembrando selva adentro. Si las FARC peleara con los cultivadores, sería como pelear con sus propias bases o con sectores campesinos. Pero no se ve que se pongan en este plan. Entre otras cosas porque ellos han dicho que el de los cultivos ilícitos es un problema social que debe resolver el Estado colombiano. En este caso ellos no quieren ser Estado, pese a que los cultivos están en sus zonas de influencia. Aquí hay un cuello de botella.Adicionalmente, hay una cierta inercia en los grupos guerrilleros, que los hace sentirse que están ganando militarmente. Esto genera en las bases dinámicas muy interesantes y muy propias, como la del reclutamiento. No es difícil suponer que hay cientos de personas haciendo su fila para ir al movimiento insurgente. En fin, todas estas cosas hacen difícil el proceso.Desde el punto de vista del Ejecutivo veo dos posibilidades. La primera, que el presidente entendiera que el voto, el mandato tan grande, la participación inusual de la segunda vuelta en que fue electo, significan que los colombianos si consideran que es necesario un líder nacional, alguien que una la nación alrededor de una serie de propuestas. Es decir, que el presidente tome medidas excepcionales para situaciones excepcionales. Un modelo en que haya un fuerte liderazgo desde la presidencia. La otra posibilidad estriba en que haya una presidencia normal. Parece que el presidente optó por la presidencia normal. Las presidencias normales en las condiciones del país, donde se suman la situación del Congreso, de un poder judicial politizado y de unas Fuerzas Armadas en crisis que tiene que ser resuelta de alguna manera, conducen a una situación enredada. Haciendo un paréntesis, ahora si se pueden reorganizar las Fuerzas Armadas adecuadamente, porque las crisis llegó muy lejos.